Chile: Un manifiesto y una discusión inconclusa





A continuación POLIS publica un Manifiesto de Historiadores chilenos acerca del Movimiento Estudiantil en Chile. 
Le sigue una breve discusión (más bien, conversación) entre el Editor de POLIS (Fernando Mires) y el historiador chileno Mario Garcés

Manifiesto de Historiadores

Revolución
anti-neoliberal social/estudiantil en Chile

Las calles, plazas y puentes de todas las ciudades a lo largo de Chile se han transformado en las arterias donde fluyen y circulan miles de estudiantes y ciudadanos, entonando y gritando las demandas por cambios estructurales en la educación los que, a su vez, exigen cambios sustanciales en el paradigma económico, en el carácter y rol del Estado y en su conjunto, en el pacto social constitucional del país. Desde hace meses las movilizaciones no han cesado, recuperándose y adaptándose algunas consignas de antaño, cantándose nuevas que apuntan críticamente al corazón del modelo social y económico financiero neoliberal actual: el mercado, el crédito, el endeudamiento, el lucro, la inequidad social y educativa.
Y si bien inicialmente parecía que se hubieran abierto, al fin, las Alamedas, marcando la
llegada de la hora histórica anunciada por el discurso final de Allende, el desarrollo de los
acontecimientos con el recrudecimiento de la represión policial, las amenazas y
amedrentamiento a los/as dirigentes estudiantiles por parte de adherentes oficialistas y la
actuación provocativa de policías encapuchados infiltrados de civil, nos recuerdan que
estamos en un régimen político dirigido por la derecha chilena, heredera de las prácticas de
la dictadura militar y verdadera fundadora del régimen neo-liberal que busca resguardar. Y
mientras los jóvenes copan el cuerpo de Chile y la represión enfurece, suenan los
cacerolazos del apoyo ciudadano, recordando el tiempo de las protestas.
Si no ha llegado aún el tiempo de las alamedas, ha brotado con fuerza la voluntad de poder
de la nueva generación para presionar sobre ellas hasta lograr su verdadera Apertura
histórica.
* * *
Los que realizamos el oficio de historiar nos preguntamos acerca del carácter de este
movimiento y del significado de su irrupción histórica. ¿Se trata de una fase más del
movimiento estudiantil post-dictadura? ¿Corresponden sus demandas a reivindicaciones
básicamente sectoriales? ¿Cuál es la forma de hacer política de este movimiento? ¿Qué
relación tiene este movimiento con la historia de Chile y su fractura provocada por el golpe
armado de 1973? ¿Cómo se articula este movimiento con el camino y orientación de la
historicidad secular de Chile? ¿Qué memoria social y política ciudadana ha activado la
irrupción callejera y discursiva estudiantil?
Si bien es arriesgado responder a estas preguntas cuando se trata de un movimiento en
marcha, los que aquí firmamos lo hacemos como una necesidad de aportar desde la
trinchera de nuestro oficio, con la plena convicción de que estamos ante un acontecimiento
nacional que exige nuestro pronunciamiento, sumándonos a tantos otros que se han
realizado y se realizan cotidianamente desde distintos frentes institucionales, gremiales y
civiles.
1. Consideramos, en primer lugar, que estamos ante un movimiento de carácter
revolucionario anti-neoliberal. Las demandas del movimiento estudiantil emergen
desde la situación específica de la estructura educativa del país, basada en el
principio de la desigualdad social; una transformación a esta estructura –como bien
lo dicen los gritos callejeros- exige un cambio sistémico en el modelo neo-liberal,
que hace del principio de desigualdad (fundado en la mercantilización de todos los
factores y en la consiguiente capacidad de compra de cada cual) la clave ordenadora
de las relaciones sociales y del pacto social. Correspondiente con este principio de
ordenamiento, la figura política del Estado neo-liberal se perfila como un aparato
mediador, neutralizador y garante, a través de sus propias políticas sociales, de
dicho principio des-igualitario; estructura económico-política sustentada en la
escritura de una carta constitucional legitimadora de dicho principio.
No es de extrañar, así, que el movimiento estudiantil actual encuentre un tan amplio
respaldo ciudadano: en la categoría dicotómica de “deudores” respecto de un grupo
legalmente abusivo y corrupto de “acreedores”, se encuentra la mayoría de los
chilenos que grita y cacerolea su apoyo a los estudiantes: porque los estudiantes no
son solo “estudiantes” sino que son ellos mismos en tanto deudores. Porque no sólo
los estudiantes viven en el principio de la desigualdad, sino la mayoría social
chilena actual lo sufre en carne propia. Lo social particular y lo social general se
auto-pertenecen y se auto-identifican mutuamente en una unidad que se construye y
se concientiza sobre la marcha.
Así, el movimiento estudiantil, aparentemente sectorial, constituye un “movimiento
social” que, al tocar el nervio estructurante del sistema, irradia e identifica a la
sociedad civil ampliada, reproduciendo socialmente la fuerza de manifestación de su
poder, descongelando el miedo y aglutinando los discursos y las prácticas
fragmentadas.
Es decir, el movimiento estudiantil actual tiene un carácter radical en cuanto busca
revertir el principio neoliberal de la desigualdad que construye la sociedad actual,
por el principio de la igualdad social (basado en un sistema de “derechos sociales
ciudadanos”), promesa irrenunciable de la modernidad, a pesar de cualquier
post/modernidad; principio que, desde la esfera educativa chilena, se propaga como
fragancia de nueva primavera a todas las esferas de la sociedad.
2. Este movimiento ha comenzado a recuperar lo político para la sociedad civil,
poniendo en cuestionamiento la lógica de la política intramuros, y con ello el
modelo de seudo-democracia y legalidad que no ha cortado el cordón umbilical con
la dictadura.
Se trata de una política deliberativa en el más amplio sentido de la palabra, que
trasciende los esquemas partidarios (a pesar de las militancias personales de algunos
dirigentes). El movimiento muestra cómo, a través de la orgánica de las bases
movilizadas, con el apoyo de las redes comunicacionales (“política en red”), se
ejerce el poder de las masas en el escenario público, presionando por la
transformación de las estructuras. Este hecho está replanteando los fundamentos del
cambio social histórico, cuestionando las modalidades verticalistas y
representativas, propias de la premisa moderna, propiciando activamente formas de
democracia directa y descentralizada.
Por otra parte, respecto de la relación del movimiento con el sistema político y el
gobierno actualmente imperante, este movimiento corresponde a un nuevo momento
de su trayectoria histórica posdictadura, en el cual la vinculación con la
institucionalidad se realiza básicamente desde la calle, no habiendo entrado a la
negociación institucional dada al interior de los recintos gubernamentales. Desde
esta perspectiva, lo nuevo de este movimiento es la “política abierta” o “política en
la calle” que, al mismo tiempo que permite mantener el control del territorio propio
de la sociedad civil, difunde y transparenta su discurso, su texto y sus prácticas a
plena intemperie, ante toda la ciudadanía. La política clásica de los gobiernos
concertacionistas de “invitación al diálogo” se ha vuelto una trampa ineficaz,
manteniendo el movimiento social actual la fuerza de sus propias prácticas de
poder.
Así, las movilizaciones estudiantiles y sociales que hoy se desarrollan a partir de las
demandas por la educación, no sólo ciudadanizan lo educativo y lo sitúan como
base fundamental del proyecto de sociedad, sino que dan cuenta de la crisis del
sistema político, cuestionando y transgrediendo la “democracia de los acuerdos”,
consagrada como principal herramienta para neutralizar y postergar las demandas
sociales.
Esta nueva política encuentra su expresión manifiesta en un tipo de protesta social
que rompe los marcos impuestos tanto por la cultura del terror de la dictadura,
como la del “bien mayor” de la transición. A través de una incansable apropiación
del espacio público y, en general, a través de prácticas corporales de no-violencia
activa, el movimiento ha generado múltiples acciones culturales en un lenguaje rico,
plástico, inclusivo y audaz que interpela el cerco de la represión policial y de los
medios que criminalizan la protesta.
3. Si bien este movimiento corresponde a un momento nuevo de la política y de la
historia social posdictadura, este sólo puede comprenderse desde la perspectiva más
amplia de la historicidad siglo xx en Chile. En el curso de ésta, la equidad
educacional junto a las limitaciones legales impuestas al capitalismo anárquico,
habían alcanzado una maduración estructural en los años ‘60 y ‘70, siendo este
proceso abortado con el golpe del ’73 en su fase de plena consolidación. El
movimiento social estudiantil actual es expresión de la voluntad y del acto de
recuperación de esa hebra rota de nuestra historicidad. Es la irrupción del brote de la
semilla que fue pisada y soterrada por la bota dictatorial y el neoliberalismo. Es el
renacimiento, en la nueva generación, del sueño y voluntad de sus padres de fundar
una sociedad basada en la democracia, la justicia social y los derechos humanos
fundamentales, de los que la educación es uno de sus campos más fértiles.
En efecto, el pacto social educativo alcanzado en los ’60 y ’70 fue el fruto de una
larga lucha dada por muchas generaciones desde mediados del s. xix. Proceso y
lucha que consistió básicamente en la voluntad política progresiva de arrancar los
niños proletarizados en el mercado laboral, para escolarizarlos, como una vía hacia
una sociedad más equitativa y como un camino de emancipación social y cultural.
Este trayecto histórico, que involucró a toda la sociedad, alcanzó a producir semillas
que fructificaron en las décadas del ’60 y ’70 cuando el Estado y la sociedad civil
hicieron del pacto social educativo uno de sus más caros proyectos de construcción
de nueva sociedad democrática. Es ese proceso el que hoy irrumpe nuevamente en
el discurso y en la práctica del movimiento estudiantil. Se trata de una generación
que no acepta volver a ser objeto de mercado al que deban proletarizarse sin mas, ya
por la vía del endeudamiento o de una educación de mala calidad. Lo que está en
juego y que hoy se encarna en este movimiento, es el “proyecto y pacto social
educativo republicano/democrático” chileno, como principio ético-político de
igualdad social.
Aquí radica la densidad histórica de este movimiento, produciendo, a su paso, una
irrupción de memoria histórica en el seno de la ciudadanía: la memoria de los
padres y abuelos que marchan y cacerolean su apoyo a la nueva generación que está
recogiendo y tejiendo a su modo la hebra de nuestra historicidad.
Así, en su triple carácter dado por su alcance revolucionario anti-neoliberal, por la
recuperación de la política para la sociedad civil y por su conexión con la historicidad
profunda del movimiento popular de Chile contemporáneo, el actual movimiento ciudadano
que los estudiantes de nuestro país aparecen encabezando con fuerza, decisión y clara
vocación de poder, recoge y reinstala las dimensiones más consistentes que la frustrada
transición chilena a la democracia sacrificó.
* * *
A través de estas breves reflexiones este grupo de historiadores/as chilenas, con el apoyo de
mucho/as, saludamos al movimiento estudiantil y adherimos a las reivindicaciones
estructurales que ellos han instalado sobre la política chilena. Saludamos y nos sumamos a
las demandas de Asamblea Constituyente.
Al mismo tiempo, invitamos a no ver a este movimiento actuando en la sola coyuntura de
este gobierno de derecha, sino a tomar conciencia de que este es un momento de un
proceso histórico ya en marcha, cuyo principal fruto sin duda será dejar instalada
definitivamente la demanda de las reformas estructurales al neoliberalismo, como
irrenunciable voluntad de poder de la ciudadanía y como agenda indispensable de los
proyectos políticos inmediatos y porvenir.
agosto del 2011


Correspondencia entre el editor de POLIS (Fernando Mires) y el historiador chileno Mario Garcés


25 de agosto de 2011, Fernando Mires
Estimado Mario
Me llegó este manifiesto que en mi opinión es radicalmente absurdo
¿Qué piensas? Aunque sea en una línea
Saludos
Fernando Mires

26 de Agosto de 2011
Estimado Fernando:
No se qué es lo que te pareció más absurdo, ¿la idea de revolución anti-neoliberal? ¿O la idea de una "historicidad del siglo xx"?
Vamos por parte:
1.- Lo que está ocurriendo en Chile no es menor. Es el mayor movimiento social anti neoliberal desde las protestas nacionales de los años 80. (a propósito yo escribí un libro junto a un sociólogo de ECO, Gonzalo de la Maza, que se llama "La explosión de las mayorías”. La protesta nacional, 1983-1984". Lo puedes encontrar en "www.memoria chilena, cl" de la DIBAM. En ese libro, nosotros anunciábamos la distancia entre protesta social y propuestas políticas, que estuvo a la base de la transición a la democracia. En dos palabras, una transición en "las alturas" disociada" de lo social. La clásica "salida chilena" débilmente democrática)

2.- Segundo, la crisis de representación, que tú ya vistes y escribistes sobre ello, a propósito del MEO, ahora toma nuevas formas. El sistema político chileno, elitista, farándulero, mediático, no es creíble para la mayoría, y menos para los jovenes (cerca de 2,5 millones de jóvenes, entre 18 y 30 años, no vota, porque no cree y no se inscribe en los registros electorales. (En Chile para votar hay que estar inscrito y si no votas, te cobran una multa).

3.- Entonces, movimiento social potente y sistema político precario y con débil legitimidad, crean un cuadro social y político impredecible. No sabemos cómo termina esto. Lo único que sabemos es que el movimiento estudiantil representa un amplio sentir ciudadano y que la derecha en el gobierno, solo ofrece dinero que resuelve parcialmente los problemas y el problema estructural, un sistema educativo fundado en el lucro y el negocio,no se resuelve. Pero, además, el negocio es transversal, porque lucra la derecha y lucra la Concertación. Solo en publicidad gastan 60 millones de dólares al año 

4.- Pero, aun así, puedo entender que en el Manifiesto hay un uso "simbólico" (tal vez abusivo) de la palabra "revolución". Creo que el sentido, es sobre todo, llamar la atención  sobre el rechazo a los efectos del neoliberalismo radical chileno, que ha convertido todo en mercancia.En este contexto,no tiene sentido esa vieja proposición del Manifiesto Comunista, que "cuando todo se disuelve en el aire... el hombre se ve obligado al fin a contemplar sin ilusiones su posición en la vida y sus relaciones recíprocas"?

5..- Sobre la historicidad del siglo XX, es verdad habría que entrar en mayores explicaciones, pero era muy difícil que el mercado y la democracia representativa (a medias) en el caso chileno, se acercaran siquiera al "fin de la historia".

6.- Fernando, Chile no es una democracia avanzada como muchas sociedades europeas. Tú lo sabes muy bién. Este movimiento social estudiantil es lo más democrático que nos ha podido ocurrir en el último tiempo. Pero, por lo mismo su destino es incierto, ya que somos  muy deficitarios de democracia en el Chile de hoy,
Un abrazo, y sigamos conversando
Mario Garcés


26 de agosto de 2011:
 Estimado Mario
Nada en contra del movimiento social, nada en contra de los estudiantes. Yo estoy convencido de que contra los movimientos sociales no se puede discutir. Se ponen ahí, como la lluvia o el calor. Pero estoy en contra de su sobre-interpretación. Los dos términos que mencionas neo-liberal y revolución creo que no sólo no son correspondientes sino, además, terminan por desvirtuar al propio movimiento, esto es, a conferir tareas que el movimiento no se ha planteado, por lo menos en sus orígenes. El problema más grande para mí es que esa violación ideológica viene de historiadores.
Comienzo por lo último.
Yo pienso -y una vez lo escribí- que la tarea más importante de un historiador -tengo que ver algo con ese tan noble oficio- reside en la reconstrucción del pasado. Escribí además que, desde ese punto de vista, la del historiador es la profesión que más se acerca a la del psicoanalista: "Reconstruir el pasado para entender el presente".
El historiador nunca debe partir de ningún futuro hipotético para entender el pasado ni mucho menos otorgar misiones futuras a los actores sociales y políticos de una nación. Eso es alterar el sentido mismo de la profesión. Si esa declaración viniera del Partido Comunista la habría encontrado lógica. Pero viene de "historiadores chilenos". 


Eso tiene que ver por supuesto con el término revolución.
No sólo es antojadizo, es además abusivo. Y, lo peor, creo que no sólo no ayuda a entender el trauma político chileno sino, además, lo profundiza. Y por si fuera poco asigna una tarea histórica a los estudiantes, tarea  que ellos no pueden ni podrán cumplir. Me explico de modo sintético.
1. Pienso que la izquierda política chilena ha vivido traumatizada desde 1973. Al no haber habido jamás una discusión que hubiera llevado a poner en tela de jucio no solo la estrategia o la táctica que llevó a la tragedia de tantos, sino el mismo sentido HISTORICO de esa izquierda, la gran mayoría terminó por construir una leyenda sustitutiva de acuerdo a la cual "todo lo hicimos bien pero los"otros" (el imperio, la derecha, los milicos) lo impidieron". Las generaciones jóvenes mamaron de esa leyenda sustitutiva. De ahí que no es extraño que hoy aparezca la "idea" de que los estudiantes de hoy continuarán la tarea que "nosotros" empezamos. O lo que es igual: ellos están haciendo la revolución del 70, pero en el 2011. (Las anchas alamedas....)
Eso significa: los historiadores chilenos, en lugar de resolver los motivos del trauma, actúan traumatizados e incluso exportan su trauma (proyectan) hacia las nuevas generaciones.


2. Te lo aseguro, estimado Mario: dar un sentido  "revolucionario" -precisamente por lo simbólico- a las movilizaciones estudiantiles es lo mejor que se puede hacer para que el movimiento estudiantil fracase. Pero además, lleva a la división del movimiento. Tú sabes mejor que yo que ningún movimiento es homogéneo. Yo, aún desde tanta distancia, leyendo lo que dicen los propios estudiantes, puedo divisar en ellos por lo menos cuatro fracciones:

A.- La “jurásica” (estudiantes comunistas o muy cerca) cuyas decisiones no están tomadas por ellos sino por el Comité Central (siempre ha sido así).
B - La "concertacionista" disidente (dentro o fuera de la Concertación)
C - Los gremialistas, es decir, quienes sólo luchan por reivindicaciones estudiantiles
D - Los “despistados”, quienes desean que algo cambie aunque no saben muy bien qué es lo que es.
Yo simpatizo más bien con la cuarta fracción
Si hablas de revolución, todos los que no estén de acuerdo con la primera fracción serán no-revolucionarios, en el mejor caso: "progesistas equivocados", y no pocos serán "contrarevolucionarios".

3. Con respecto a lo de neo liberalismo. ¿Por qué no dicen capitalismo de una vez por todas? No, no lo dicen porque o si no deberían presentar una alternativa al capitalismo y la alternativa al capitalismo no es otra que el socialismo. Pero el término socialismo ha sido tan estropeado que no puede ser una alternativa política para nadie. Entonces aparece el comodín de siempre: "neo liberalismo".
El problema es que el neo-liberalismo es una categoría económica (y académica) y no una política. Si la usas despolitizas a lo político pues antepones un "enemigo" no equivalente y con ello descolocas al propio movimiento estudiantil.
"Cuando todo se disuelve en el aire", escribes citando a Marx. Yo pienso que la tarea del historiador es ayudar precisamente a que "no todo se disuelva en el aire" Tú escribes que el futuro es incierto. Totalmente de acuerdo. Y eso es, seguro, lo que más nos gusta de la política. El problema es que esos historiadores lo dan como cierto, convirtiendo al pasado en algo incierto.
Saludos
Fernando Mires

PS. ¿Has pensado que el problema político más grande de Chile no será muy pronto "la revolución" sino "las próximas elecciones"? 
¿No será la incapacidad de que al no saber como enfrentarlas ya hay muchos que están arrancando "hacia adelante"? Yo creo que en el fondo de eso se trata. Puede que me equivoque


26 de Agosto de 2011
Estimado Fernando:

Sabía que no bastaba comentar en una línea el Manifiesto. Pero, no imaginaba esta interesante polémica con uno de mis primeros maestros (tomé tu curso de Ciencias Sociales Básicas, en la U. De Concepcion, en 1971). A la distancia te he seguido leyendo y tu libro "La rebelión permanente" está en todas las bibliografias de mis cursos de America Latina o de movimiento sociales en AL. (de paso, se requiere una nueva edición, ya que no se encuentra ni en Buenos Aires).

Ahora voy a tu carta, y lo haré por partes, sin seguir el mismo orden en que expones :

1.- Sobre el oficio del historiador, acuerdo contigo que algo nos acerca al psicoanalisis Y Carlo Ginzburg, tal vez es quien mejor lo ha trabajado en ese texto sobre el "paradigma indiciario". Sin embargo, no esta prohibido al historador aventurar hipótesis sobre el futuro, que claro es distinto que asignar "misiones" a los movimientos sociales (más adelante vuelvo sobre este punto)

2.- Acuerdo contigo que bien haríamos los historiadores chilenos en ocuparnos del "trauma histórico" que representó la derrota histórica del movimiento popular y la izquierda chilena en los años 70. También acuerdo en que es insostenible la idea que la derrota solo se debió a lo poderosos que eran los enemigos del pueblo. No es más que un buen comodín. Lo indico en todos mis cursos y conferencias, hasta ser visto como un avis raris. Pero siempre soy escuchado y eso me hace perserverar. El problema es que la renovación de la historiografía chilena no ha sido capaz hasta ahora de enfrentar este enorme desafio. La UP no es tema prácticamente para ningún historiador serio (soy de los pocos que algo trabaja sobre el asunto, sigo trabajando sobre los pobladores, que fue mi tema de tesis doctoral, publicada bajo el título "Tomando sitio... 1957-1970, por LOM el 2002). El único libro publicado en los últimos años sobre la UP  fue una compilación de artículos, que coordinó Julio Pinto, ("Cuando hicimos historia,.." LOM 2005). Si a eso sumas, la reiterada dificultad de la izquierda para hacerse cargo de su propia historia, el problema es aún mayor.

Hoy en la mañana conversaba con mis compañeros de ECO, que escuhando a los estudiantes de la USACH , me parecía que el tiempo no existía. Ellos discuten sobre la "salida institucional" (PC) vs la "muerte del sistema" (algo así como la salida revolucionaria (la "ultra", asi la llaman o se llaman ellos mismos, que constituyen la izquierda no PC).Osea, "acción política institucional vs acción directa (Clotario Blest, 1962); reforma o revolución (1970-1973); derrota del reformismo y no de la revolución (Miguel Enríquez, octubre, de 1973); reconstrucción del tejido social vs confrontación directa (1980); etc. O sea, más que "sustitución" hay algo así como una recurrencia perversa de los pueblos que repiten su historia. Este asunto es por cierto sintomático (la tarea no realizada por los historiadores) pero tambien de los callejones sin salida de la izquierda (de lo que queda, que no es mucho), pero también es una "expresión de deseos" de los propios actores en movimiento. Y si bien la UP no es objeto de "historia" si está muy viva en la "memoria". Creo que, en este sentido, nuestros Manifiestos buscan dialogar más con la memoria que con la disciplina, relativamente pobre y precaria para hacerse cargo en serio de lo que representó "La revolución que no fue" (título que diste al capítulo sobre Chile en la La rebelión permanente).

3.- Sobre "categorias políticas"  Es verdad que neoiberalismo es una categoría económica, sin embargo su uso en AL es más inclusivo y refiere también a las reformas del Estado. Acuerdo que sería mas preciso hablar de capitalismo, ya que neoliberalismo es un forma del capitalismo, y también hay otras, keynesanismo por ejemplo. El problema es que justamente capitalismo se opone a socialismo y nadie está en condiciones de hablar de socialismo, de tal modo que nos movemos en ausencia de proyectos globales o sistémicos  alternativos.
Pero este es otro vacio, que los argentinos llenan con el retorno del peronismo kirchnerista y los brasileños a medias con el PT, ¿Nosotros con qué llenamos? ¿Con apelaciones a una mayor responsabilidad social del Estado y los jóvenes, con el sueño de la "muerte del sistema"?. Pero, en todo este panorama, hay algo interesante, la revolución ahora es menos una "plan" y está más cerca de procesos de democratización radical de la sociedad. Al menos es un punto de partida diferente.
4.- No creo que estemos asignando misiones, no da para tanto, sino que más bien estamos tratando de leer el momento político y conectarlo con el pasado. En lo que si acuerdo, es que lo hacemos con un pasado laborado a medias. 

5.- ¿Si el problema serán las próximos elecciones? Yo lo había pensado hace un tiempo, previo a la movilización de los estudiantes. Ahora tengo dudas, ya que el sistema político binominal existente en Chile es un "candado autoritario" que si se llegara a modificar podrìa cambiar todo el cuadro político. Será dificil y si no ocurre, el problema serán las próximas elecciones. Pero, aún es muy temprano para afirmarlo.


Estoy escribiendo algo más sobte el movimiento estudiantl, cuando salga del horno, te lo mando

Un abrazo,

Mario Garcés