Elizabeth Burgos: EL DECLIVE DE LOS IMPERIOS Y EL ETERNO RECOMENZAR



Roberto Matta, el gran creador chileno (1911-2002), el último del grupo de los surrealistas, solía decir que la razón del ansia de poder de los hombres y su afición a la guerra, era el fantasma de sentirse en estado permanente de erección, y ante la imposibilidad fisiológica de realizarlo,  inventaba maneras de compensar ese imposible, de allí que laforma fálica de la mayoría de las armas, de los aviones, de los rascacielos, correspondieran a esa voluntad de demostración permanente de ese poder imposible. Esa frustración se vería compensada con el comportamiento agresivo que desemboca en el instinto guerrero. La expresión permanente de ese deseo imposible es lo que anima a que una región del planeta se convierta en imperio.

Pero llega el momento en que en otra región del mundo surge un nuevo núcleo pleno de vitalidad, animado por un deseo de poder intacto y despoje al imperio en vigor, de su capacidad de poder. Desde el siglo XVI hemos sido testigos del declive sucesivo de los imperios que fueron surgiendo después del Medioevo. El imperio otomano, la Monarquía Católica española, los imperios coloniales europeos (Gran Bretaña, Francia). Hoy parece tocarle el turno a Estados Unidos y no deja de parecer una jugarreta de la historia, el que recayera sobre un descendiente africano administrar la fase declinante de su estatus imperial. Y pese a la decepción que causa entre aquellos estadounidenses acostumbrados a sentirse el centro del mundo y árbitros de los conflictos, o de aquellos, satisfechos por formar parte de la periferia del mismo, es una evidencia que el debilitamiento de su economía, su inmensa deuda, su obligada complementaridad con China de hecho una interdependencia de ambos- hacen que estemos viviendo el declive de la capacidad imperial que había desarrollado Estados Unidos, pues ya no posee los medios de imponer su potencia como único eje rector. La racionalidad del presidente Obama parece haberle hecho comprender el reto que le ha tocado y que haya optado por preservar el estatus de gran potencia: una gran potencia que continuará, por el momento, siendo la primera entre otras que están en fase de emerger como tales, dentro de un espacio mundializado que se orienta hacia la conformación de diferentes polos de poder. El dejar de ser el imperio  rector, significa que Estados Unidos le confiere la libertad, la responsabilidad al resto del mundo de hacerse autónomos, en particular a Europa, y por supuesto, a América Latina.

Obama ha sido criticado por su actitud moderada ante la crisis libia. En realidad lo que demostró fue la imposibilidad de tomar también a su cargo un conflicto más, cuando los recortes de presupuesto obligan a EE UU a concentrarse en resolver los problemas cruciales de la crisis financiera que surgió allí, y los de la agenda que heredó de la administración Bush: Irak, Afganistán, Al Qaeda. Este último, si no resuelto, por lo menos ha demostrado a su país, en particular a la extrema derecha estadounidense, la desaparición de Bin Laden lo infundado de las acusaciones de negligencia en cuanto a las cuestiones de seguridad de EEUU. Lo que si ha dejado claro el caso libio, es que le tocaba a Europa tomar sus responsabilidades y asumir la parte que le tocaba en la defensa de la democracia y de sus intereses. Por lo menos compartir los esfuerzos.

Ese mismo esquema de libertad le atañe también a América Latina, muy acostumbrada a culpar al “imperio” de todos sus males. Liberada ahora de las imposiciones de Washington, le toca demostrar que puede convertirse en mayor de edad y asumir los retos de la mundialización. Que no es suficiente haber sido obrero metalúrgico, tener la piel oscura, o haber sido obispo – según la valoración que daba Lula a la nueva Latinoamérica – para hacer de ese continente un espacio con una economía viable y dejar de ser la plañidera del mundo, exigiendo ayuda, sin proponer nunca nada.

Cabe preguntarse si Europa y América Latina son capaces de aceptar el reto. La libertad de
acción otorga responsabilidades. Es más cómodo ser menor de edad y ser mantenido por su familia, aunque se supedite a esa familia. Mientras tanto, el imperio en ciernes, China, se prepara a imponer su manera de copar el espacio de poder y de erguirse a su manera como el espacio fálico triunfante. Sin embargo, también allí los conflictos aquejan la sociedad y algunos estallidos de descontento, o expresiones de radicalismos inesperados, parecen cernirse en su horizonte. El corresponsal del diario Le Monde, en un reportaje reciente (23/04/11) daba cuenta de que a “la crispación autoritaria del régimen, se le agregaba un regreso de movimientos nacionalistas que se hacen llamar de “la nueva izquierda”, cuyo modo de expresión, por supuesto, se realiza a través de Internet y no está prohibido por el régimen, ni sus militantes apresados por la policía, contrariamente a los militantes pro democráticos. Los más radicales, los neo-maoistas, se expresan en el blog Jinbushehui, atacan a las personalidades liberales del medio intelectual que consideran como “enemigos de China”, acusándolos de ser cómplices de Occidente. Sus fotografías aparecen con una cuerda al cuello, como en los mejores tiempos de la Revolución cultural. Al artista plástico Ai Weiwei, apresado en el aeropuerto de Pekín a su regreso de una gira por EE UU y desde entonces desaparecido, lo tratan de “desecho de la humanidad” y pregonan que “quienes lo dejan actuar deben ser considerados traidores”. También  denuncia la “política diplomática vergonzosa del partido comunista, bandido que vende China al extranjero” y uno de los blancos preferidos de las criticas de estos radicales, es el primer ministro Wen Jibao, partidario de una reforma política. Abogan también por la “regeneración de China para aplastar el colonialismo blanco que ha cometido tantos crímenes”. La divisa de uno de esosgrupos radicales, muestra a un panda en armas con una bandera china y un poema de Mao que llama a “eliminar a todos los insectos nocivos”, en donde también aparece la divisa: “en búsqueda del momento glorioso cuando se realice la regeneración de una civilización grandiosa”.

Volvemos al punto de partida y a la repetición de historias pasadas: los mismos fantasmas siguen atormentando a los individuos y los deseos de desmesura de poder los siguen invadiendo.

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